Begoña y Paloma

Dani-DanielsElena, una joven estudiante, que es vecina mía y a la que, al igual que a su madre, me ocupo de satisfacer sexualmente con regularidad, me había hablado en varias ocasiones de que en el colegio donde cursa sus estudios tenían, desde el inicio del presente curso escolar, una nueva profesora en los cursos de educación infantil que por lo que había observado, además de estar de lo más apetecible, tenía claras inclinaciones sexuales lésbicas aunque no podía asegurarme que fuera una perrita obediente, viciosa y guarra.

El pasado viernes por la tarde, cuándo regresaba a casa al acabar de trabajar, las vi hablando cerca del portal del edificio donde Elena y yo vivimos. Elena, al percatarse de mi presencia, me llamó y me presentó a la chica con la que se encontraba en animada conversación como Begoña indicándome, para que pudiera centrarme en su persona, que era de una de las profesoras de infantil de su colegio con la que comenzaba a “entenderse” muy bien. Mientras hablábamos pude observar que, tal y como me había dicho Elena, Begoña disponía de un cuerpo de lo más sugerente. Aunque su estatura resultaba entre normal y baja, era delgada, morena y en todo momento mantuvo la sonrisa en sus labios. Elena, antes de dejarnos solas, nos aseguró que, en cuanto nos conociéramos, llegaríamos a ser muy buenas amigas y “algo más”. Begoña, con la disculpa de que así podíamos hablar un rato más, me pidió que la acompañara a realizar unas compras. Como hasta las ocho y medía en que había quedado con Lucia, la madre de Elena que es una mujer muy ardiente que lleva varios años separada, para mantener con ella una relación sexual no tenía nada que hacer, la acompañé. Las compras en cuestión eran de ropa por lo que no tardé en encontrarme junto a ella en el probador de una tienda donde Begoña se despojó de sus prendas para quedarse en ropa interior y poder probarse varios vestidos con lo que pude comprobar que, además de unas grandes y prietas peras, estaba dotada de un culo muy bonito cuya raja se la marcaba a la perfección en la braga de color blanco que llevaba puesta y que, aparte de apetitoso, no era nada voluminoso que es una de las cosas que más me desagradan al mismo tiempo que, a cuenta de los lógicos roces en tan poco espacio, verificaba que era duro y terso. Al probarse una prenda tras otra y pedirme la opinión sobre si me gustaba y la quedaba bien, se me hizo la hora de acudir a mi cita con Lucia y la verdad es que sentí separarme de ella ya que, aprovechando que me iba, me pidió que la llevara unos determinados conjuntos de ropa interior para probárselos lo que, de haber continuado a su lado, me hubiera permitido verla desnuda. Antes de que saliera del probador me facilitó su número de teléfono móvil y la dije que la llamaría al día siguiente para quedar y poder seguir conociéndonos.

A las siete de la tarde del sábado había quedado en llevar a cabo una relación sexual con una dominicana a la que, además de practicar el sexo hetero con un dentista y con su cuñado poniendo los cuernos a su hermana, la encanta que cada quince días la efectúe un buen repaso sexual para vaciarla por completo tanto por delante como por detrás y que, tras hacerla expulsar unas buenas cantidades de caca, aproveche para darla por el culo con un consolador de rosca ó una braga-pene durante un buen rato por lo que, después de realizar unos cuantos cambios en la planificación de mi agenda sexual, quedé con Begoña en encontrarnos a las diez en una cafetería para cenar en plan informal. La sesión sexual con Jennifer, que así se llama la chica dominicana, se prolongó más de lo debido ya que, cuándo estábamos a punto de acabar, se nos unió su hermana Ethel a la que, a pesar de que mantiene relaciones sexuales lesbicas periódicas con una de mis amigas, la gusta que, de vez en cuando y estando Jennifer delante, la vacíe su vejiga urinaria en medio de una de sus corridas y que, echada sobre su espalda y sin importarme la gran cantidad de mierda que suele soltar en el proceso, la encule con una braga-pene que tiene un rabo muy duro, grueso y largo. Cuándo acabé, dispuse del tiempo más que justo para regresar a casa, darme una ducha rápida y cambiarme de ropa tanto interior como exterior, poniéndome un vestido muy minifaldero, antes de acudir a mi cita con Begoña.

Como llegué diez minutos más tarde de lo acordado, Begoña me estaba esperando impaciente en la barra y al darnos un par de besos en la mejilla me pareció que estaba nerviosa. La propuse sentarnos en una mesa y al quitarse el abrigo largo que llevaba puesto observé que estaba realmente elegante y guapa con un vestido negro con adornos plateados bastante escotado con la falda por encima de la rodilla que acompañaba de un cinturón, también, plateado, que destacaba su cintura, unos pantys y unas botas altas negras. De acuerdo con lo que la había pedido no se había maquillado. En cuanto nos sirvieron comenzamos a comernos tranquilamente unos bocadillos de tortilla de patata junto a agua para Begoña y a una COCA COLA para mí. Begoña, inquieta y muy nerviosa, bebía sin parar lo que motivó que mientras dábamos cuenta de nuestros bocadillos se tomara cuatro botellas de medio litro lo que venía de maravilla para mis propósitos. Hablamos de muchas cosas y aparte de asuntos relacionados con su actividad laboral, me informé de que tiene veintiocho años y de que vive con su madre y su hermano pequeño. La madre, que se llama Agueda, lleva casi siete años viuda y el hermano, por aquello de ser el menor de la familia y el único hijo varón, está muy consentido, tanto por Agueda como por Begoña, hasta el punto de hacer todo lo que le da la gana hasta el punto de obtener de su madre todo el dinero que precisa mientras que de su hermana ha logrado que le realice mamadas y pajas cuándo tiene ganas de ello. Asimismo, tiene otra hermana mayor que vive en Madrid, está casada y la debe de gustar mucho que la echen la leche dentro del coño puesto que con treinta años tiene ya cuatro hijos, el primero de los cuales nació estando soltera y sin conocer, a ciencia cierta, la identidad del padre. Entre otras alabanzas, Begoña me dijo que era una mujer sumamente guapa y sexy; que ni remotamente aparentaba la edad que tengo; que la encantaba que fuera ginecóloga y me pasara buena parte del día viendo a las mujeres sus partes más íntimas y que se sentía tan atraída por mí que no la importaría que nos fuéramos al water para permitir que la comiera la almeja hasta que me aburriera. Aquella confidencia me permitió centrar nuestra conversación en el tema sexual confirmando que la gustan las mujeres a rabiar y que, a pesar de estar acostumbrada a ver la salida de la leche y a tragársela, nunca se había planteado el mantener relaciones sexuales con tíos. Asimismo, me informó de que, al igual que yo, es multiorgasmica y se corre con facilidad y con mucha frecuencia e intensidad. Parecía que, al contarme esto, superaba su nerviosismo pero se quedó bastante cortada cuándo la hablé de que si deseaba estar conmigo tenía que ser una puta obediente, viciosa y guarra y de que me encantaba correrme sin llegar a tocarme mientras veía disfrutar a tope y sin límites a otra tía.

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La invité a nuestra cena informal y al salir de la cafetería Begoña me propuso ir a otra situada enla PlazaMayorpara tomar algo. Por el camino permaneció bastante callada pero muy próximas a nuestro destino coincidimos con una amiga suya que, según nos explicó, estaba bastante aburrida en casa por lo que, tras cenar y en vista de que disfrutábamos de una noche excepcional, había decidido salir a dar una vuelta. Begoña me la presentó como Paloma y la chica me cautivó desde que la vi y más cuándo entramos en la cafetería y antes de sentarnos en una mesa nos despojamos de nuestras prendas de abrigo lo que me permitió observarla con mayor detalle y ver que, aparte de ser muy alta, delgada y tener el pelo rizado, estaba más que imponente con su blusa y su cortísima falda vaquera mientras cubría sus piernas con unos leotardos realmente llamativos y unas botas altas por encima de sus rodillas con las que estaba de lo más sugerente para “meterla mano”. Hablamos durante varios minutos lo que me permitió enterarme de que Paloma tiene veintiocho años aunque el próximo día 18 de Marzo hará veintinueve, que es periodista y que, tras haber hecho sus pinitos trabajando como azafata, modelo y en el gabinete de prensa de nuestro gobierno regional, su actual ocupación laboral estaba en una emisora de televisión local. La verdad es que, al no gustarme ni tener tiempo para ello, apenas veo la televisión y por eso no me resultó conocida ya que, según me dijo Begoña, al estar casi a todas horas en pantalla la conoce medio Burgos. Mientras Begoña, más tranquila por la presencia de su amiga, daba cuenta de otras dos botellas de agua, Paloma y yo optamos por tomar unos combinados. Ambas pedimos ginebra GORDONS pero Paloma acompañada de tónica y yo de naranja. Paloma me comentó que era lesbiana integral y que, además de hacerse en solitario unos dedos por la noche al acostarse reconociendo que la gustaba seguir y seguir hasta que acababa meándose de gusto, mantenía con Begoña, desde hacía dos años y medio, relaciones sexuales bastante frecuentes pero sin haber pasado de ir juntas al water para que una de ellas hiciera pis mientras la otra la acariciaba el chocho ó el masturbarse y comerse la seta mutuamente hasta que lograban correrse varias veces. Aquello me permitió proponer y ellas aceptaron, que, dejando a un lado su relación actual, me contaran cual habían sido su contacto sexual más duradero e intenso. Begoña reconoció que no se había “acostado” con más de diez mujeres y que de la que mejor recuerdo guarda era de una compañera de estudios universitarios con la que durante casi un curso pudo compartir casa, comida y cama lo que permitía que por las noches ambas se satisfacieran sexualmente. Su compañera logró que, poco a poco, la presencia del pis se convirtiera en habitual en su actividad sexual. Lo malo fue que la chica era bisexual y aparte de las intensas relaciones lesbicas que mantenía con Begoña y con otras compañeras de la universidad, se dejaba follar por un hombre, que era quince años mayor que ella, que se había separado recientemente y del que la comentaba a Begoña que la encantaba como se la metía y lo bien que la echaba la leche. Pero como no tomaba ningún tipo de precaución, a punto de acabar el curso la dejó preñada y al parecer de gemelos. La chica que había abortado año y medio antes y había tenido complicaciones, no quiso volver a pasar por semejante trance de infecciones y depresiones por lo que decidió seguir adelante con el embarazo lo que la obligó, con la manifiesta oposición de sus padres, a rehacer su vida junto a él. Paloma nos contó que había tenido una actividad sexual similar a la de Begoña y que durante casi tres años se relacionó con la madre, separada de hecho, de una compañera suya del colegio que, a cambio de “hacerla unos dedos”, la obligaba a comerla el coño hasta que, tras correrse un montón de veces, terminaba por mearse en la boca de Paloma. Aunque no la quedó más remedio que hacerse a la situación, el que la fémina se meara en su boca la parecía detestable y las dos primeras veces vomitó mientras la mujer se reía de ella y acababa de echarla su pis en el pelo y la espalda. Con el paso de los meses su actividad sexual se incrementó y se hizo normal que aprovecharan el recreo de Paloma por la mañana para hacerlo en el water del colegio y que por la tarde, al salir del centro escolar, Paloma acudiera a casa de su amiga durante una hora y media que los sábados y domingos, días en que la penetraba vaginalmente con todo tipo de “juguetes”, se convertían en prácticamente toda la tarde. Un día Paloma, al correrse, liberó su esfínter y sin darse cuenta, expulsó una gran cantidad de mierda poniendo perdida la cama. Paloma pensó que su amiga se iba a enfadar pero la mujer, muy sonriente, la dijo que la encantaba que se hubiera cagado y además echando semejante cantidad. Desde aquel día en sus sesiones de la tarde se convirtió en normal que, con la disculpa de ayudarla con su estreñimiento y tanto anal como vaginalmente, la pusiera peras con agua caliente que hacían que Paloma se meara y cagara de inmediato tras lo cual y provista de una braga-pene, la penetraba ó la obligaba a cabalgarla. La encantaba que Paloma meara, de pie y echando su cuerpo hacía atrás, mientras ella la mantenía cerrados los labios vaginales con sus dedos. Cuándo más integrada estaba Paloma la mujer la comentó que podían continuar siendo buenas amigas e incluso, hacerlo esporádicamente pero que para sus relaciones sexuales prefería chicas que fueran un poco más jóvenes, con su pubertad recién estrenada y que había dado con un par de niñas que habían aprendido a comerla la almeja a la perfección. Aunque siguieron relacionándose ya no fue igual sobre todo porque la mujer se empeñaba en que Paloma estuviera presente completamente desnuda y que, incluso, se masturbara mientras a la fémina se lo hacia alguna de las dos crías y a pesar de que casi la supone una depresión, optó por distanciar cada vez más sus encuentros hasta que dejaron de producirse. Por mi parte, las dije que sería interminable referirme brevemente a mis múltiples experiencias sexuales pero que podía indicarlas que llevaba varios meses encaprichada de una chica joven, de nacionalidad china, que traduciendo su nombre se llama algo así como Aurora del Amanecer puesto que me estaba demostrando que las chinas además de ser preciosas, eran muy ardientes, viciosas y sobre todo cerdas. La encanta, al igual que a sus compañeras de la misma nacionalidad con las que algunas veces lo hemos realizado, que la vacíe de todo para lo cual, además de tener unos cuerpos excepcionales y estar siempre muy mojadas, son bastante estreñidas y saben retener perfectamente durante horas su pis por lo que, durante nuestras sesiones sexuales, me he encontrado con unas impresionantes meadas y cagadas sin hablar de una salida masiva de jugo vaginal entre unos espasmos espectaculares. Lo malo es que, como todos los chinos, Aurora siempre está muy ocupada ya que trabaja en un restaurante chino y en un bazar de todo a cien, para ellos no existen los días de fiesta y no nos es posible quedar con la frecuencia que a las dos nos gustaría aunque tenemos la gran ventaja de que cuándo, finalmente, lo hacemos ambas ardemos en deseos. Cuándo Begoña pagó las consumiciones nos dijo que iba a ir al baño. Agarrándola del brazo y sin dejar que se levantara la pregunté que para qué y ella me respondió que tenía que mear puesto que llevaba un buen rato con ganas y con nuestros relatos su necesidad se había incrementado. Con cara de muy pocas amigas la dije que se aguantara. Pocos minutos después salimos del establecimiento y nos dirigimos al cercano Paseo del Espolón. Begoña no podía parar quieta y no hacía más que repetirnos que no se aguantaba y que se iba a mear encima. Cuándo comprobé que los esfuerzos de Begoña por retener su pis estaban dejando de surtir efecto y que se la empezaba a salir, hice que Paloma se sentara a mi lado en un banco enfrente de una pareja muy joven que, con la chica acomodada en las piernas del tío y una de las manos de este debajo del jersey de la tía, se estaba besando. La dije a Begoña que permaneciera de pie y que, bajándose los pantys y la braga, meara delante de nosotros. Me respondió que estábamos en un paseo muy frecuentado y que podía verla mucha gente. Casi a gritos la mandé hacer lo que la había dicho. Begoña, sin dejar de mirar hacía todos los lados, atemorizada y casi llorando, se bajó un poco los pantys y la braga de color rosa que llevaba puestos mientras la sujetaba en el cinturón la parte delantera de su vestido tras lo cual y agarrándoselas con fuerza con mi mano derecha hice que sus prendas íntimas cayeran hasta sus tobillos. La obligué a abrir bien sus piernas y comencé a acariciarla con mi mano extendida el chocho que noté perfectamente arreglado y con muy poco pelo, logrando que, a pesar de su pudor y temor y al no poderse aguantar, soltara una excepcional y larga meada que “tipo fuente” fue cayendo al suelo, a sus piernas y a sus prendas íntimas que empapó por completo mientras Paloma, asombrada, contemplaba el espectáculo con la boca abierta. Cuándo la meada dejó de ser tan abundante, me bebí unos buenos tragos de su pis y colocándola la nariz en el clítoris la metí la lengua dentro de la seta con lo que Begoña no tardó en llegar al clímax corriéndose con ganas en mi boca. Seguí ocupándome de su húmedo coño al mismo tiempo que la hurgaba con fuerza en el culo con un dedo completamente introducido en su orificio anal que no dejé de mover en todas las direcciones con lo que Begoña, que apretaba con fuerza mi cabeza contra su almeja, me dijo que como siguiera así iba a conseguir provocarla la cagada. Cuándo sentí que estaba a punto de alcanzar su segundo orgasmo y puesto que era lo que más convenía en aquel momento, dejé de comerla el chocho. Begoña protestó por sacarla la lengua cuándo estaba a punto de alcanzar otro orgasmo mientras echaba una pequeña cantidad de flujo y algunas gotas de pis. Al separarme de la seta de Begoña, me di cuenta de que Paloma, completamente abierta de piernas hasta el punto de haber colocado la derecha en el brazo del banco, estaba con la parte delantera de su minifalda levantada y masturbándose frenéticamente con su braga de color negro y sus leotardos ligeramente bajados mientras en el banco de enfrente el espectáculo, sobre todo el ver como Paloma se lo hacía con dos dedos ya que, a pesar de que la luz era buena, de lo que la realicé a Begoña, de espaldas a ellos y con un abrigo largo, poco más que el charco que formó en el suelo con su pis pudieron ver, parece que agradó a la pareja puesto que, con el pantalón y el calzoncillo del chico tirados en el suelo, la chica, de rodillas entre las abiertas piernas del tío, le realizaba una paja sin dejar de acariciarle los huevos. Enseguida vimos salir su leche hacía arriba en espesos y largos chorros, que fueron cayendo en el pelo y la cara de la chica y en el banco, tras lo cual la cría, que era sumamente joven y parecía sumamente complacida, se apresuró a chuparle el rabo con gran esmero mientras procedía a soltar los botones de su pantalón vaquero para poder bajárselo un poco, separar la parte textil del tanga de su raja vaginal y masturbarse al mismo tiempo que le efectuaba la mamada.

Begoña se quitó los pantys y la braga, que estaban completamente empapados. Después de ver que, además de mojados, estaban rotos, tiró los pantys a una papelera mientras me quedé con su braga que doblé con sumo cuidado e introduje en una bolsa de plástico transparente con cierre autoadhesivo que nunca faltan en mi bolso ya que permiten mantener intactos el olor y la humedad de las prendas íntimas femeninas. Begoña y Paloma, esta última tras levantarse, se pusieron bien la ropa y tras ver que la chica del banco de enfrente se había colocado de rodillas encima del banco para permitir que el tío la introdujera su mano por el pantalón y el tanga para tocarla el culo y masturbarla, me incorporé. La curiosidad, el morbo y sobre todo, que la cría no estaba nada mal hizo que, aunque Begoña y Paloma opinaban que era mejor que los dejáramos tranquilos, nos acercáramos a la pareja. A pesar de nuestra presencia la chica continúo impasible con su actividad mientras comprobé que la gustaba que el chico la hubiera metido un dedo en el coño y aunque no se lo hacía con mucho entusiasmo, la estuviera masturbando. Me dio la impresión de que estaba a punto de alcanzar el orgasmo por lo que me dirigí al chico para permiso puesto que, en aquel momento, me apetecía mucho tocarla la almeja y tras preguntarme que si éramos “tortilleras” y contestarle afirmativamente, me comentó que a aquella “mamona” también la gustaban las tías y tras indicarme que la bajara un poco más el pantalón para que el culo de la tía quedara al aire, me dijo que podía tocarla todo lo que me diera la gana. En cuanto el tío sacó su dedo y sin que a la chica la importara demasiado que fuera yo quien se lo hiciera la pasé varias veces dos dedos por la raja antes de metérselos bien profundos dentro del chocho con lo que la chica, con una rapidez impresionante, llegó al clímax echando tal cantidad de flujo que mojó hasta el tanga que, con signos evidentes de no haberse limpiado bien el culo después de cagar, se encontraba ligeramente separado de su cuerpo. El chico me invitó a continuar mientras aquella “aprendiz de putilla” le seguía chupando el rabo. A través de sus movimientos me resultó evidente que estaba completamente salida y que tenía unas ganas enormes de correrse puesto que entre mis dedos en el interior de su seta y las caricias que la prodigó el chico en el culo al mismo tiempo que la obligaba a meterse todo el rabo en la boca y la decía que, si se lo hacía bien, no iba a tardar mucho en metérsela por el culo, la tía se volvió a correr y hasta creo que juntando un orgasmo con otro y de nuevo, de una manera más que abundante de forma que su jugo vaginal goteó hasta el banco. Con la tía en pleno clímax, el chico la introdujo sin contemplaciones y bien profundo un dedo en el culo y empezó a darlo vueltas en un sentido y en otro mientras la decía: “y ahora, putita, toca volver a cagarse”. La saqué los dedos y la volví a acariciar el coño mientras el chico nos miró y nos dijo que si nos gustaba la mierda enseguida íbamos a tener ocasión de disfrutar de un buen espectáculo puesto que “aquella cerda” había salido de casa con diarrea. La chica, a la que continuaba acariciando la raja, nos sorprendió y deleitó con una excepcional meada mientras el chico, agarrándola con fuerza de la cabeza, la obligó a continuar chupándosela diciéndola que tenía que conseguir que volviera a echar más leche. Como nos había dicho y después de algunos sonoros pedos, el chico no tardó en exclamar: “ya, ya está aquí” y “la muy cerda se está cagando”. Forzándola un poco más con ganas y fuerza, la sacó de golpe su dedo del culo y por el ano de la chica apareció una pequeña cantidad de mierda. El chico volvió a meterla el dedo y forzándola con fuerza y rabia, logró que en pocos segundos se produjera una cagada en toda regla. Después, con el dedo bien untado en la caca de la chica y llamándola cagona, guarra y perrita, se lo metió en la almeja para masturbarla enérgicamente mientras un montón de mierda completamente líquida salía del culo de la tía y caía en el tanga, la parte exterior e interior de su pantalón, el banco y el suelo. Aún expulsaba mucha caca cuándo, con la chica de nuevo al borde del orgasmo, el tío la avisó de que se iba a correr y tras hacer verdaderos esfuerzos por aguantarse un poco más la hizo beberse los primeros chorros de leche mientras exclamaba “que gustazo” y “vas a comprobar todo lo que soy capaz de echarte” para, en cuanto permitió que dejara de chupársela, depositar una copiosa mezcla de leche y pis, en la cara, el pelo y el cuello. La chica le pidió que, por favor, se la metiera sin más dilación y el tío nos preguntó que, si por casualidad, teníamos algún condón y al contestarle negativamente, llamó estrecha a la chica por no permitir que la penetrara sin preservativo y tras llamarla “cabronaza” y “calientapollas”, la obligó a seguir chupándosela puesto que tenía que lograr que el rabo se pusiera, una vez más, duro y tieso para que se la pudiera introducir por el culo con la intención de que la chica le efectuara una intensa y larga cabalgada anal. En cuanto la cría volvió a su cometido él volvió a hurgarla con su dedo en el culo sin que tardara en volver a salir y en cantidad, caca totalmente líquida que, otra vez, se depositó, en su ropa, el banco y el suelo. El chico nos miró sonriente y nos dijo que tenía que sacarla toda la mierda que tenía dentro antes de metérsela por el culo ya que no quería que le manchara el rabo. Le aconsejé que, además de vaciarla el intestino, la masturbara sin parar hasta que la tía se volviera a mear de gusto lo que le iba a facilitar, sobre todo si como parecía iba a estrenar su orificio anal, que pudiera darla por el culo sin complicaciones. Acariciándola el pelo la dijo que, una vez que se la metiera por el culo y ella le realizara la cabalgada anal, iban a ir a alguna de las farmacias de guardia para comprar una caja de condones y que, acto seguido, se desplazarían hasta el Paseo dela Quinta donde y como hacen la mayoría de las parejas, a la orilla del río tendrían más sexo. La prometió que allí se la iba a meter por delante todo lo que ella quisiera y la aseguró que, como hasta llegar allí dispondría de tiempo para recuperarse, la echaría la leche una ó dos veces más. Al terminar de hablarla la tía se volvió a correr y aunque el chico me invitó a que continuara acariciándola y tocándola la raja a su amiga, la abrí con mis dedos los labios vaginales para explorarla visualmente su interior. Mientras observábamos que, una vez más, el tío la metía un dedo en el culo, les deseamos que disfrutaran plenamente de su relación y nos separamos de su lado. En cuanto nos pusimos a andar Paloma, temerosa de que también la obligara a hacer pis en público, me dijo que, a consecuencia de la gran excitación que había tenido viendo mear en plena calle a su amiga y de la posterior comida de chocho que la había hecho a Begoña, se había corrido en dos ocasiones y ahora, que se encontraba un tanto salida tras haber visto la actividad sexual de la pareja, era ella la que tenía una imperiosa y urgente necesidad de mear por lo que nos propuso encaminarnos hacía el apartamento en el que reside y que se encontraba muy próximo al lugar en donde nos encontrábamos. La verdad es que yo también tenía muchas ganas de hacer pis pero me callé y permití que Begoña nos comentara que se encontraba bastante incomoda y rara tan húmeda, sin braga y con las botas llenas de pis.

En cuanto llegamos al apartamento de Paloma nos dirigimos a la cocina donde nos despojamos con rapidez de nuestra ropa. En la braga de Paloma observé una buena mancha que denotaba que se la habían salido algunas gotas de pis por lo que la dije que se tumbara con rapidez en el suelo y que abriera bien las piernas para echarme encima de ella de manera que nos pudiéramos besar al mismo tiempo que nuestras peras y setas estaban en contacto. Paloma, a la que la gusta mantener completamente depilado su coño, me agarró con fuerza del culo apretándome contra ella y al empezar a restregarnos su pis salió a chorros, abundante y muy caliente. Me uní a ella de forma que nuestras meadas se juntaron y las dos alcanzamos un orgasmo realmente rápido. Begoña, siguiendo mis indicaciones y tras humedecerlos en su flujo, me introdujo dos de sus dedos en el culo y me hurgó con ganas en todas las direcciones mientras Paloma y yo continuamos restregándonos hasta que ella alcanzó el cuarto orgasmo y yo, después de correrme por tercera vez, no pude evitar que mi esfínter se liberara con lo que los dedos de Begoña lograron que expulsara una copiosa cantidad de mierda que, sin dejar que me extrajera los dedos, fui echando de manera bastante líquida en medio de un gusto enorme. Cuándo noté que llegaba la parte sólida hice que Begoña me sacara los dedos y que, sin tocarlos y manteniéndome abierto el ano, depositara los folletes de caca en las copas de su sujetador y en el de Paloma. En cuanto acabé de cagar y después de una nueva y monumental corrida de Paloma, conseguí que Begoña, a pesar de que no la entusiasmó demasiado la idea, me lamiera el ano para limpiármelo y tras ello, las obligué a oler y a ver mi caca. Paloma tuvo varias arcadas y estuvo a punto de devolver mientras que Begoña me dijo que podía beberse las grandes cantidades de pis que echaba cada vez que meaba pero que el ver y oler mi mierda la parecía algo realmente asqueroso. La contesté que si no hacían lo que las decía iba a taponarlas la almeja y el culo con cera y que, aparte de lo molesto que resulta el no poder mear ó cagar en varios días, podían imaginarse lo sumamente costoso y doloroso que era quitar la cera. Viendo que me estaba enfadando y que aquello iba muy en serio, las dos la olieron y la miraron durante un buen rato. A pesar de que Begoña alegó que la parecía una autentica cerdada, cogí con mi mano derecha uno de los dos largos folletes y lo restregué por la raja del chocho de ambas ocupándome de que algo entrara en su interior, por sus tetas con especial detenimiento en sus pezones y por sus labios. A continuación, hice que Begoña se echara encima de Paloma y que, mientras restregaban sus peras y sus setas, se besaran para que cada una de ellas se viera obligada a comer la mierda que la otra tenía en sus labios. Después cogí el segundo follete y agarrando por el pelo a Begoña la obligué a darle un buen mordisco. En cuanto me aseguré de que lo masticaba y que tragaba un poco hice que volviera a restregarse al mismo tiempo que besaba a Paloma que, de esta manera, recibió en su boca y tuvo que masticar y tragar un buen trozo de caca. El resto del follete se lo fui metiendo a Begoña en su culo con la ayuda de dos de mis dedos.

Aunque no las entusiasmó en demasía su primer contacto con la mierda era evidente que tanto Begoña como Paloma estaban muy calientes por lo que decidí aprovechar la situación y tras levantarnos del suelo, las permití darse una ducha rápida para que, después y mientras me fumaba un cigarro, limpiaran convenientemente la cocina. Acto seguido, nos fuimos a la habitación donde vi que Paloma disponía de una gran cama de matrimonio en la que, sin demasiadas apreturas, podíamos acostarnos las tres. Dejé que Begoña y Paloma colocaran debajo de la sabana un protector de plástico y unas toallas grandes de baño e hice que Paloma se pusiera a cuatro patas con las piernas muy abiertas encima de la cama para empezar a masturbarla usando dos y tres dedos. En cuanto Paloma llegó al orgasmo hice que Begoña, con el coño bien húmedo, abriera con sus manos y con fuerza los labios vaginales a Paloma para, sin muchas contemplaciones, meterla de golpe mi puño. Aunque Paloma protestó porque, según me dijo, la hacía muchísimo daño, no tardó en sentir un intenso placer que la hizo olvidarse del dolor. El gusto se acrecentó cuando Begoña, tras lamerla el ano durante varios minutos, la metió hasta el fondo de su culo un par de dedos de su mano derecha buscando, al igual que había hecho conmigo, su cagada al mismo tiempo que me masturbaba con otros dos dedos de su mano izquierda. Junto a la salida masiva de su flujo, Paloma empezó a correrse de una manera muy continuada sin que pasara más de minuto y medio entre orgasmo y orgasmo a los que, en varias ocasiones, acompañó con unas soberbias meadas. Acababa de correrse por séptima vez, cuándo sin poder controlar su cuerpo, soltó unos buenos chorros de pis al mismo tiempo que untaba en su mierda los dedos de Begoña y en cuanto esta, tras forzarla un poco más, se los extrajo del culo, expulsó mierda a discreción en forma de bolas. Begoña, precavida, la colocó debajo una cazuela que había llevado a la habitación y que Paloma casi llenó con su copiosa cagada. Corriéndome y meándome con mucha frecuencia, seguí con mi puño bien introducido en el útero de Paloma que, aunque reconocía que sentía un gusto excepcional, no tardó en comenzar a pedirme que la dejara descansar ya que se había corrido más de una docena de veces y no la quedaban fuerzas para más. Sin sacarla el puño de la almeja, permití que, en vez de continuar a cuatro patas, se girara para acostarse boca arriba. En tal posición la continué forzando y con todas mis ganas durante otros diez minutos haciendo que soltara masivas cantidades de flujo, se meara cada poco tiempo y que, finalmente, alcanzara tres orgasmos completamente secos prácticamente seguidos que, obligándola a mover todo su cuerpo, acabaron con sus menguadas fuerzas. Cuándo alcanzó el último y casi gritando dijo: “Dios mío, Dios mío, que gustazo, como me voy por todos mis agujeros; si alguna de las zorritas de mis compañeras ó de Begoña se entera de lo que sabes hacer te aseguro que no te dedicas nada más que a esto”. Aunque continúe forzándola un poco más mientras decía: “tengo empapadas hasta las rodillas, no puedo echar más jugos”, su agitada respiración me hizo ver que, si seguía, podía llegar a provocarla un colapso. En cuanto la saqué, completamente mojados, el brazo y el puño del chocho salió un montón de flujo, unas gotas de pis y un poco de sangre, denotando que pocas horas más tarde la iba a bajar la regla, hecho que se produjo el lunes a media mañana y Paloma, sin moverse y a cuenta de lo extenuada que estaba, se quedó dormida tras decirme que la encantaba que me la follara y me pidió que la jodiera con regularidad e incluso, aprovechándose de mi profesión, que la inseminara artificialmente para dejarla preñada y hacerla un buen bombo.

Para que Paloma descansara Begoña y yo optamos por volver a la cocina. Estaba empapada de tanto correrme y mearme por lo que, sin tener que decirla nada, Begoña se arrodilló delante de mí y me pidió que la dejara ocuparse de mi más que apetitoso chocho con la ayuda de sus dedos y de su boca. La contesté que estaba deseando que lo hiciera. Me corrí con rapidez dos veces casi consecutivas lo que, como es habitual, propició que me meara en la boca de Begoña que no siendo capaz de tragar la gran cantidad de pis que solté decidió, tras beberse una buena cantidad, dejar que el resto la cayera en la cara y en las tetas con lo que la parte delantera de su cuerpo acabó totalmente mojada. Begoña, totalmente cachonda, se tumbó en el suelo y abrió sus piernas. Al igual que había hecho con Paloma la introduje vaginalmente y sin contemplaciones el puño y Begoña, al notarlo dentro de su útero, empezó a correrse de una forma increíble poniéndome casi su culo en la cara. No acababa con un orgasmo cuándo ya empezaba con el siguiente y a los diez minutos tanto ella como yo habíamos perdido la cuenta de nuestras corridas y con hurgarla un par de minutos con dos dedos en el culo fue suficiente para que su mierda, completamente amarilla y líquida, saliera en tromba y formara un buen charco en el suelo. Viendo que, aunque quería seguir, tenía menos aguante que Paloma, la forcé un poco más y después de extraerla el puño, la dejé descansar unos momentos antes de ayudarla a incorporarse y a acostarse en la cama junto a su amiga, que seguía dormida. Limpié el suelo de la cocina y al acabar cogí mi bolso y preparé uno de los enemas vaginales que usamos cuándo no podemos extraer suficiente flujo para realizar una citologia cuyo contenido opté por repartir entre ambas. Como Begoña y Paloma estaban dormidas tuve que ocuparme de abrir bien sus piernas para poder inyectarlas en el clítoris de manera que, durante unos cinco ó seis minutos, no dejaran de sentir placer y más placer mientras que, hasta que no las quedara nada en su interior, las saliera a raudales flujo y pis. En cuanto comprobé que hacía su efecto y que, a pesar de encontrarse dormidas, Begoña mojaba con sus chorros de flujo y pis el culo de Paloma y que esta, a su vez, estaba echando en la sabana unas ingentes cantidades de ambos líquidos, me acosté detrás de Begoña y como volvía a tener ganas de mear, la agarré de la cintura, me apreté a su culo y la solté otra buena cantidad de pis con lo que las tres íbamos a dormir completamente mojadas. Separándome un poco de Begoña me masturbé con dos dedos hasta que, una vez más y tras tres orgasmos, me mee y volví a regar con mi pis el culo y la seta de Begoña. Después pudo más el cansancio y me quedé dormida. No sé la hora que sería pero, evidentemente, era muy tarde.

Como estoy acostumbrada a no dormir más de seis horas el domingo me desperté a las doce y medía. Begoña y Paloma, con la cama totalmente empapada y ellas bien húmedas, seguían durmiendo sin enterarse de nada. Me levanté y como habíamos dormido completamente desnudas y destapadas, las cubrí con la sabana y una manta. Me vestí y cogiendo las llaves que Paloma había dejado en el recibidor, me fui a casa, donde me duché, me cambié de ropa poniéndome un pantalón muy ceñido, agregué a mi amplia colección de prendas íntimas femeninas la bolsa que contenía la braga de Begoña con la que me había quedado la noche anterior y escogí algunos de mis “juguetes”. De allí me fui al hospital donde estuve una media hora visitando a las pacientes que están internadas una de las cuales es la hermana de una de mis amigas a la que, en una revisión, la detecté un tumor en el útero que resultó maligno y a la que iban a operar, por cierto con bastante éxito, el lunes a primera hora de la mañana. Cuándo regresé al apartamento de Paloma, después de conseguir dar con las llaves que abrían primero el portal y más tarde la vivienda, comprobé que continuaban durmiendo. Eran más de las dos del mediodía por lo que decidí despertarlas. Begoña y Paloma, al abrir los ojos, se sorprendieron de “haberse meado en la cama” y según parecía, varias veces a lo largo de la noche. Las ofrecí dos botellas de litro y medio de agua fresca que se bebieron enseguida. Me desnudé y bien húmedas y mojadas, las hice abrir sus piernas para colocarme entre ellas y realizarlas un más que exhaustivo examen, tanto visual como táctil, del exterior e interior en primer lugar de sus coños y más tarde, tras hacer que se colocaran a cuatro patas, de sus culos. Como las mantuve bien abierto el ano durante varios minutos ambas se tiraron una buena colección de pedos y Begoña, incluso, soltó un poco de caca, de nuevo, amarilla y líquida. Dejé que fueran a ducharse mientras deshacía la cama para asegurarme de que el protector de plástico podía soportar más excremento tanto líquido como sólido y me coloqué una de mis bragas-pene, en concreto una que me gusta mucho usar ya que tiene un rabo tremendamente largo pero muy flexible que, conectado a mi vejiga urinaria, deja pasar por su interior mi pis para salir a presión por la abertura del capullo además de disponer de unos huevos grandes especialmente preparados para, con los movimientos, “poner” a una tía a base de golpear en su almeja mientras la penetro analmente. Cuándo, tras ducharse, regresaron a la habitación hice que Paloma se colocara a cuatro patas mientras Begoña se ponía entre sus piernas para comerla el chocho. Dejé que Begoña empezara con su cometido para colocarme detrás de Paloma y abriéndola con dos de mis dedos el ano la fui introduciendo el pene de la braga hasta que entró por completo. El rabo se acomodó perfectamente en el intestino de Paloma y al mearme, la soltó una gran cantidad de pis que provocó que Paloma empezara a soltar un montón caca líquida al mismo tiempo que me decía que estaba sintiendo un gusto tremendo tanto por delante como por detrás. Aparte de que empleó casi diez minutos en vaciar por completo su intestino y que la caca fue saliendo al exterior sin dejar de darla por el culo, la enculé durante casi tres cuartos de hora. Después hice que Begoña, con mucho miedo a que la metiera algo que no fueran mis dedos por el culo, ocupara su lugar. Paloma, a base de acariciarla la seta con su mano extendida y con sus dedos, consiguió que Begoña no tardará en “ponerse” y que, con el rabo de la braga dentro de su intestino y tras cagarse de forma líquida después de una nueva e intensa meada mía, resultara de lo más viciosa en la penetración anal hasta el punto de no dejar de decirme: “sigue, sigue” y “dame por el culo más, mucho más”, por lo que la enculé hasta cerca de las cinco de la tarde en que Begoña, por segunda vez y esta vez sin la ayuda de mi pis, expulsó una más que considerable cantidad de caca y bastante sólida.

Cuándo la saqué el pene de la braga del culo nos dimos cuenta de la hora que era por lo que mientras me duché y me fumé un par de cigarros en el recogido salón del apartamento, Paloma encomendó a Begoña la tarea de limpiar la cama y la habitación mientras ella se ocupaba de preparar una ensalada de cebolla, lechuga y tomate y unos filetes con patatas fritas de bolsa para comer. Begoña y Paloma quisieron ponerse una bata mientras comíamos pero se lo prohibí y las dije que siempre que estuviéramos solas tenían que permanecer completamente desnudas y que sólo en casos excepcionales iba a permitirlas que se pusieran un tanga y a ser posible transparente. El enema que las había inyectado por la noche aún surtía algo de efecto y aparte de que Paloma no retenía la salida de su pis, cada pocos minutos ambas tenían que acudir al water para mear y casi siempre de forma copiosa. Después de comer, dejé que fregaran y recogieran la cocina antes de que se sentaran para que pudiera explicarlas que para ser mis “amigas” tenían que ponerse vestidos con faldas muy cortas; utilizar ropa muy ceñida que denotaran sus formas y dejaran a la vista el canalillo de sus tetas y que cuándo usaran pantalones tenían que marcárselas en ellos y a la perfección el tanga ó la braga. Begoña me preguntó por la ropa interior que debían comprarse y la contesté que optaran por prendas íntimas con muy poca tela y que, aunque no me disgusta que usen braga, prefería que se fueran haciendo con un buen surtido de tangas.

Al regresar a la habitación empleé otro buen rato para, metiéndome entre sus piernas, volver a recrearme con un nuevo, completo y detenido examen, visual y táctil, del interior de sus coños y tras hacer que se acostaran boca abajo, de sus anos. Después me ocupé de mamarlas por turnos las tetas y de morderlas los pezones hasta que se los puse en órbita a punto de estallar para terminar tirando de sus peras con mis manos como si las estuviera ordeñando lo que fue suficiente para que ambas, además de mojarse, llegaran al clímax. Acto seguido, enseñé a Paloma a manejar un consolador de rosca, que ninguna de las dos conocía aunque habían oído hablar del intensísimo gusto que su utilización proporciona, para que se lo metiera a Begoña en la almeja mientras me ocupaba de introducir analmente a Paloma una buena colección de bolas chinas. Begoña se vació con ganas e intensidad mientras el consolador entraba en contacto con todo el interior de su chocho hasta que, al llegar a la altura de sus ovarios, explotó de gusto echando unas cantidades ingentes de espeso flujo entre unos jadeos espectaculares mientras Paloma, que también alcanzaba un nuevo orgasmo, notaba como buena parte de las bolas se impregnaban en su caca. Cuándo Paloma extrajo el consolador a Begoña esta última no pudo evitar mearse mientras que, al sacar las bolas chinas del culo de Paloma entre una sonora colección de pedos, esta última se asombró de que todavía la quedara mierda. Cambiando nuestras posiciones y sin limpiar los “juguetes”, me encargué de meter vaginalmente a Paloma, colocada a cuatro patas, el consolador de rosca mientras esta introducía a Begoña, tumbada boca abajo, las bolas chinas por el culo con unos resultados muy similares ya que Paloma empapó las piernas de Begoña y la cama con su flujo y sus meadas mientras que las bolas chinas salieron del ano de Begoña manchadas en su mierda.

Begoña y Paloma dejaron que tumbadas boca arriba en la cama y con las piernas bien abiertas las acariciaba sus setas con mis manos extendidas y las pasara, desplazándolos desde el clítoris hasta el ano, dos dedos por la raja vaginal. Cuándo acabé me dijeron que, aunque estaban encantadas conmigo y las gustaba todo lo que las hacía, no estaban acostumbradas a una actividad sexual tan intensa y selectiva y que, aunque se sentían pletóricas y satisfechas, debía de comprender que estaban extenuadas y que tenían que descansar si querían estar en unas condiciones apropiadas para acudir al día siguiente a sus ocupaciones laborales. Además se quejaron de que, aparte del escozor y de la irritación propia de la actividad sexual desarrollada, sentían algunas molestias tanto en sus coños como en sus culos y que con tales molestias incrementándose con el paso de los minutos cada vez iba a ser más complicado conseguir hacerlas disfrutar. Begoña, además, estaba intranquila ya que la última conversación que había mantenido con su madre había sido la noche anterior para decirla que se iba a quedar a dormir en casa de Paloma y a pesar de que tiene por costumbre tenerla informada de donde se encuentra, desde que la obligué a mear en plena calle no había tenido tiempo para ponerse en contacto con ella y estaría muy preocupada ya que, además, no había ido a comer. Por ello y tras comprobar que estaban, tanto por delante como por detrás, muy irritadas me coloqué en cuclillas delante de ellas y como tenía muchas ganas de mear procedí a repartir mi pis por el exterior de sus almejas para aliviarlas un poco. Después permití que se ducharan y cuándo acabaron, primero con Paloma y más tarde con Begoña, me recreé otro buen rato haciendo que se acostaran boca abajo para acariciarlas toda su masa glútea y la raja del culo antes de darlas una buena ración de crema en el ano para reducir sus molestias con lo que, al mirar nuevamente el reloj, vi que eran casi las nueve de la tarde. Una hora más tarde y como todos los domingos, había quedado con Elena a la que, a pesar de que mantiene relaciones sexuales lesbicas con varias de sus amigas y compañeras de colegio y estas son especialmente intensas los viernes y los sábados, la gusta cenar pronto para que los miércoles y domingos me encargue de vaciarla en su cama hasta que, agotada y muy satisfecha, se suele quedar dormida. Begoña y Paloma me dijeron que querían convertirse en “amigas” mías y aparte de ajustar su ropa a lo que las había indicado, me prometieron ser siempre obedientes y estar dispuestas para que las haga todo lo que quiera incluso, según las propuse, meterlas el puño hasta el fondo de su culo y vaciárselo de caca por completo ó que mediante la presión de mis dedos haga lo propio con sus respectivas vejigas urinarias. Begoña y Paloma fueron una vez más al water para, de pie y con las piernas muy abiertas, mear delante de mí. Las dije que quería que, hasta nuestro próximo encuentro en que pretendo ducharlas con su propio pis, recogieran todas sus meadas en botellas y que las almacenaran. Paloma entregó a Begoña un conjunto de ropa interior sin estrenar que esta se puso casi al mismo tiempo que Paloma se colocaba un camisón muy corto. Antes de vestirme hice que Begoña se arrodillara delante de mí y me metería su lengua en el chocho mientras Paloma hacía lo propio en el ano. A las nueve y medía me había corrido tres veces, dos en la boca de Begoña y la última en la de Paloma para terminar la función meándome abundantemente en la boca de esta última que, aunque lo intentó, al no poder tragar toda la cantidad de pis que la eché optó por levantarse el camisón para que la mojara las peras con mis últimos chorros. Paloma, una vez más empapada, se acostó; Begoña acabó de ponerse su vestido y yo me vestí. Después de hacerme con el sujetador de Begoña y las dos prendas íntimas de Paloma y meterlas en sus correspondientes bolsas transparentes y en mi bolso para agregarlas por la noche a mi amplia colección de ropa interior femenina de las chicas con las que he mantenido relaciones sexuales, Begoña y yo dimos un beso en la boca a Paloma y asegurándonos de que cerrábamos bien la puerta, salimos de su domicilio. Antes de llegar al portal volví a meter mi mano por debajo de la falda de Begoña y aunque la pude tocar la raja del culo varias veces en cuanto la acaricié la seta me pidió que no la tocara más puesto que la dolía. En el portal Begoña me comentó que las había vaciado de tal forma que se iban a pasar varios días sin mear ni cagar y que, a cuenta de ello, no iba a ser muy abundante la recolección de pis que las había encomendado. Aunque Begoña pretendía hacerlo la dije que, de momento, no hablara de mí con ninguna de las compañeras con las que suele hacerlo en el colegio ya que mi agenda sexual está bastante saturada y tenía que acoplarlas debidamente a ellas. En cuanto salimos a la calle, Begoña me prometió que tanto Paloma como ella me llamarían con frecuencia, como así están haciendo, para continuar en contacto y que en cuanto se recuperaran querían repetirlo lo que, de no surgir contratiempos, pensamos llevar a cabo la noche del próximo sábado ya que el viernes Paloma trabaja en su emisora de televisión hasta cerca de las dos de la mañana. Después de darme un beso en la boca y decirme que, a pesar de ser dura y exigente, soy maravillosa y una autentica máquina sexual, se fue lo más aprisa que su molesta entrepierna la permitía hasta la parada del autobús que la iba a llevar de regreso a su casa mientras que yo me dirigí, sin demasiada prisa pero sin pausa, hacía la vivienda de Elena.

Begoña y Palomaultima modifica: 2017-12-22T12:45:17+01:00da relatosx

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